El verdadero comienzo de Chile: Un suspiro de Soy Puente en la altura del altiplano aymara

Viajamos hasta Visviri, el verdadero comienzo de Chile, para vivir una experiencia donde la tecnología y las tradiciones se encontraron.

Salimos de la comuna de San Bernardo y tomamos un vuelo hacia el desértico Arica. Aunque siempre nos enseñaron que allí comenzaba Chile, descubrimos que el verdadero inicio del país nos esperaba más adelante. Lo supimos al tomar el bus rumbo a Visviri; a medida que pasábamos por pueblos como Putre, la altura comenzó a hacerse presente.

Llegamos de noche, y la puna no tardó en hacernos efecto. El mareo, el cansancio y un frío extremo nos dieron un golpe de realidad: estábamos en un territorio imponente al cual no pertenecíamos, donde el frío nocturno y el calor diurno te golpean sin matices. Esa primera noche nos recibió una anciana local que nos enseñó la palabra Kamisaraki (hola en aymara), marcando el inicio de una experiencia humana genial.

En un comienzo, el pueblo parecía dormido, pausado en el tiempo, habitado solo por alpacas y llamas. Sin embargo, pronto cobró vida con la celebración de la quilpa, una instancia ceremonial en la que los grupos aymaras marcan su ganado. Al comenzar el rito, el ritmo del huayno en la guitarra y las tradicionales dianas interpretadas en laquitas se hicieron presentes, llenando el ambiente de música y celebración. Comprendimos que no es solo una actividad ganadera, sino un ritual profundo donde se le pide permiso y se le agradece a la Pachamama. Era un mundo muy distinto al que estábamos acostumbrados.

En paralelo a la quilpa, comenzamos nuestro verdadero trabajo: armar un laboratorio computacional en la sede del pueblo. Nos habían contactado porque había gente con muchas ganas de aprender. Nos sorprendió y emocionó ver que nuestros alumnos eran personas mayores de 40 años. Iniciamos las clases de alfabetización digital, las cuales fueron recibidas con gran entusiasmo por la comunidad. Les importaba mucho aprender a usar Excel para administrar sus negocios ganaderos, ya que Visviri, al ser una frontera tripartita con Perú y Bolivia, es ancestralmente un paso ganadero y una ruta comercial muy activa.

La experiencia continuó con una jornada de reparación de computadores. Queríamos dejar claro el valor de la economía circular: los dispositivos pueden tener un nuevo ciclo de vida, a veces solo basta con formatearlos para dejarlos 100% operativos. También resolvimos problemas cotidianos pero vitales; por ejemplo, un señor pensaba que su teléfono estaba malo y que debía comprar uno nuevo. Al revisarlo, nos dimos cuenta de que, al estar en una zona fronteriza, el roaming automático lo conectaba a la red de Bolivia. Lo que para nosotros era un ajuste simple, para él fue una gran ayuda.

Para nosotros fue un tremendo honor conocer este territorio y ver la disposición inmensa de su gente por aprender. Fue una vivencia donde la fuerza de la naturaleza se percibe en cada respiro, y así fue como un suspiro de Soy Puente quedó grabado para siempre en el altiplano aymara.

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